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Este tiempo tan inimaginable que nos está tocando vivir ha podido ser precipitante en nuestra vida de algunos sentimientos, ideas o actitudes que no nos ayudan a superar la adversidad. Quizás te identifiques con alguno de ellos:

Queridos millennials, Políticos “en salida”, Héroes de la salud, Docentes silenciados- expertos en erradicar argós excluyentes y Aparofobias: El más cordial saludo por no practicar la xenofobia, por no rechazar al extranjero ni al inmigrante, ni al que piensa distinto; por ser defensores de etnias originarias y amantes de la vida que fluye constantemente:

Es un placer conversar con quienes trabajan erradicando la aporofobia, que no practican argots generacionales despectivos, como “sudaca” y negro, y que saben NO dar la razón al comediógrafo latino que instaló en Hobbes la creencia filosófica “el hombre es un lobo para el hombre”. Por tantos haberes y valores, os trasmito la admiración y el respeto del nuevo Mundo, que alborea. Gracias. Sois una vacuna contra el virus de la ordinariez, la hipocresía y el cinismo de quien, disfrazado de filantropía, humilla, agrede y viola la dignidad humana.

Hoy quiero compartir las enseñanzas del Doctor Miguel Ruiz, con la visión de Alex Rovira, que aporta claves para un cambio de vida radical. Hace referencia a los cuatro acuerdos que podemos tener con nosotros mismos, con los demás y con la vida que para nosotros, los creyentes, es con Dios.

Sé impecable con tus palabras: la calidad de nuestras palabras, el lenguaje verbal y no verbal, puede cambiar muchísimo el proceso de comunicación y la relación entera. Se trata de utilizar palabras que expresen la voluntad de no herir, de no molestar, de no ofender, que es distinto de ser firmes y contundentes a la hora de defender nuestros argumentos, pero sin faltar al respeto, sin insultar, con firmeza pero sin dureza. No es verdad que las palabras se las lleva el viento, las palabras pueden ser motivo de heridas emocionales que nunca desaparecerán, por el contrario pueden ser la fuerza salvadora que te hace seguir viviendo. Hay palabras que curan y palabras que enferman. Al elegir bien las palabras favorecemos nuestra nutrición mental y emociona.

La esperanza tiene una misión: abrazar la incertidumbre hasta que esta se despoja de lo que le sobra, su “in-“. Le ayuda la fe porque ella es garantía de lo que se espera, la prueba de las realidades que no se ven (Hb.11,1). Pero la conversión, la metanoia de la incertidumbre es definitivamente posible por el amor… esa fuerza que fluye desde lo más profundo de la Trinidad, riega toda la Tierra e impregna la historia de tal manera que se perpetúa en ella.

“¡Hay tanto que admirar, agradecer, amar y bendecir!”

En medio de tanto dolor quizá no resulte oportuna esta frase de Padre Eladio. Sin embargo, recuperarla justo ahora, nos puede hacer mucho bien.
Hoy podemos admirar y agradecer tantos gestos heroicos, tanta generosidad anónima y callada, tanta entrega ilimitada, tanto sufrimiento ofrecido, tanta valentía y fuerza desmesurada, tanta creatividad y cariño, tanta humanidad expuesta, frágil, vulnerable, pero grandiosa y extraordina-ria a la vez… Permitamos que nuestra mirada se deje asombrar por tanta bondad y que de ella brote una gratitud sanadora, positiva, esperanzada.

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