Hoja Nº 13
Diciembre-1997
ELADIO MOZAS SANTAMERA
Siervo de Dios
Fundador HH. Josefinas Stma. Trinidad
Y LA NAVIDAD EN EL CIELO ¿CÓMO ES?
Aunque no te lo esperabas, P. Eladio, allá te va la pregunta. Y te la hago, porque de lo de ahí arriba, tú sabes un montón.
* Fíjate que lo que aquí abajo nos acompaña desde nuestra primera navidad, es el asombro de camellos, ríos de plata, regalos suntuosos, una estrella… Pero ¿no estará más en lo hondo el lugar de que tu ahora disfrutas? Te lo pregunto, Padre.
* Y es que tontos de nosotros, por no haber captado las “entrelíneas” de tus sabrosos escritos, se nos había escapado la respuesta que allí nos das.
Insistes en ellos que si queremos encontrar el secreto luminoso de las cosas, tendremos que penetrar su sentido profundo. Porque, un poquitín más, detrás de lo que aparece, está el verdadero misterio, Dios. (Ese que para ti ,en Navidad perpetua, es ya transparencia y diafanidad)
* Y mira por donde, que así ya entendemos la Navidad: sólo con descubrir en el niño al NIÑO, podríamos disfrutarla casi como tú. No con la misma intensidad todavía, claro está, ni en la misma óptica.
Ni dudo ya de que esto sea fácil: basta con pegar, cuanto más mejor, el alma abierta al Belén y descubriremos que Él nos dice: "Ven a mí con tu corazón que yo te daré MIS OJOS. Y éstos son aquellos que el Padre me regaló para poder descubrirle siempre y en todo”.
¿No es ésta la Navidad? Y… hasta muy parecida a la tuya.
Gracias P. Eladio. Y lo último, muy callandito: ¿vendrás pronto a gritar, desde la gloria de Bernini y para todos, esta constante, hermosa NAVIDAD?
“¡Oh Jesús Niño, nosotros no tenemos aguinaldo más rico que ofrecerte que nuestros corazones! Recíbelos como aguinaldo pobrecillo que con amor te ofrecemos.” C. 440,3
PORQUE FUE GRATO A SUS OJOS
Para que sin verle creáis en Él y os alegréis con un gozo inefable (1 P, 6-8).
Y para ayuda de esta gozosa experiencia de fe,
los destellos de su paso en la vida de algún elegido.
Mi tío aquejado de dolor en el pecho acudió al médico que dijo rotundamente: “Hay que operar con urgencia o se muere, tiene cáncer de pulmón”. En tres años sufrió dos operaciones con éxito parcial. El doctor nos comunicó que el proceso sería breve y doloroso. Recurrí a P. Eladio y como en otras ocasiones escuchó mi oración. El enfermo no experimentó dolores y pudo incorporarse a su trabajo como profesor. Su muerte, acaecida más tarde, se debió a un infarto de miocardio.
Meli - Salamanca
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Un familiar mío constató una mañana que había perdido la visión del ojo derecho, el izquierdo lo tenía ya seriamente dañado. Por intercesión de P. Eladio pedí a Dios le conservara la vista. La mejora fue rápida. Me impresionó el comentario del doctor al hacer la revisión: “No puede ser, esto ha sido un milagro”.
Carmen Díaz- Santander
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El conocimiento de P. Eladio supuso un cambio en mi vida. He constatado su ayuda en situaciones concretas: trabajo, casa, pero sobre todo he vuelto a creer en las personas, me ha facilitado el encuentro con Dios.
Rosa Espinosa-La Serena (Chile)
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Alguien cercano a mi familia estaba a punto de caer en el alcoholismo, y permanecía alejado de la Iglesia . Insistí con mi oración diaria a Dios por intercesión de P. Eladio. Hace un año que dejó la bebida y ha vuelto a acercarse a los sacramentos.
Antonia Pino- Lagartera (Toledo)
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Una peligrosa avería de coche en un viaje hubiera podido ser un serio peligro. Me dirigí a Dios por medio de P. Eladio, cuya ayuda experimento en múltiples ocasiones, y encontré solución satisfactoria .
Marina Cubero- Madrid
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Mi hijo tenía que pasar unas pruebas difíciles para conseguir trabajo. Supliqué a Dios por intercesión de P. Eladio y superó las pruebas. Quiero que se conozca para gloria de Dios y pronta beatificación de su siervo.
A.G. -Serrejón (Cáceres)
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Agradecen favores: Mercedes Mateos y Mª Asunción Martín (Santander), Silvina Manzanedo- Miedes de Atienza (Guadalajara), Mercedes Aguilera (Granada).
Si tú o alguno de los tuyos experimentó algo similar, dínoslo.
No guardes el tesoro sólo para ti.
Que también otros puedan conocerlo y bendecir a Dios
perfiles de padre eladio
NAVIDAD ES…
1. Encuentro y abrazo de Dios con el hombre.
Dios se encuentra con cada uno de nosotros en Jesús, nuestro Salvador. Y sólo en Jesús, El Camino, el abrazo tierno y la Misericordia del Padre habitando nuestra tierra, podemos nosotros encontrar a Dios.
Con una condición
Navidad es este ENCUENTRO MAGNÍFICO, si aceptamos la invitación a poner en juego nuestra fe contemplando el Misterio con sencillez, como cuando éramos niños y permanecíamos absortos ante el Belén, terminando nuestra visita con un beso efusivo al Niño-Dios. Así comenzamos a creer y amar a Dios que nació pobre por nosotros y se dejó coger y querer por los pastores, las mujeres, los niños de su pueblo y los hombres de todos los pueblos de la tierra, representados en los Magos.
¡Bien nos lo dice el Padre Eladio!
Desde sus cartas nos confiesa que se alegra mucho en el Señor cuando alguien pone sus ojos en el misterio de la Encarnación, porque “… hay tanto que agradecer, amar, alabar en todos los Misterios del Señor. ¿Cómo no admirarse del amor inmenso de un Dios que por bien, redención, enseñanza, salvación y glorificación del hombre fue concebido en el seno de una Virgen, dando a luz en un establo…? C.83,5.
2. Encuentro con nosotros mismos y abrazo con los hermanos.
En el misterio de amor de la Encarnación y Nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios y nuestro Hermano, nos encontramos a nosotros mismos al reconocer la dignidad de hijos de Dios que Él nos confiere, y sentimos la urgencia de un encuentro con cada hombre al reconocerlos como hermanos con los que Él se identifica. “Amaos como yo os he amado”.
¡Qué bien lo entendió don Eladio!
Él nos recuerda también esta llamada a la fraternidad: “Por amor de los hombres el Padre entregó su Hijo; el Hijo nos entregó voluntariamente su vida; el Espíritu Santo formó en el seno virginal de María el cuerpo preciosísimo de Jesús…¿Cómo es posible que no nos amemos unos a otros?” C. 297,2.
“¿Qué más estrecho abrazo ni más íntimo beso que la unión personal del Hijo de Dios con la naturaleza humana?” C. 45,5.